viernes, 15 de abril de 2011

Mujeres hacia el poder

Julia Gillard Australia, Dilma Rousseff Brasil, Laura Chinchilla Miranda Costa Rica, Cristina Fernández de Kirchner Argentina, Angela Merkel Alemania. Estas son todas mujeres que ocupan el cargo más importante dentro de los modelos estatales de sus países, sea bien presidentas o primeras ministras.

Durante siglos se pensó a la mujer como “el sexo débil”, incapaces de tomar decisiones por sí mismas, solo útiles para las labores domésticas, siempre marginadas de la esfera política y laboral, pues se suponían roles exclusivamente masculinos.

El hecho de que se rompa el estereotipo que se tiene sobre las mujeres, y se les permita participar de esta manera tan activa, y tan seria, demuestra como en pleno siglo XXI se abren las barreras del machismo para dar voz a otra parte de la sociedad que ha sido marginada y rechazada durante siglos, según nuestra historia moderna.

Al mismo tiempo evidencia un cambio no solo en la mentalidad de la sociedad, pero en el ámbito legal, el cual se ha encargado de darnos el lugar que nos corresponde, porque somos igual de capaces, somos igual de fuertes. Esto por medio del lenguaje de los derechos[1], este lenguaje que hace que cada vez las acciones legales se alejen de la tradición y se acerquen a esa realidad que queremos las mujeres, de ser tratadas y vistas con los mismo derechos que los hombres, a esa realidad en donde valemos lo que somos.

Pero, al trasladarnos a la realidad Colombiana, en donde se siguen violando en masa los derechos de las mujeres, en donde existe una sociedad altamente conservadora y aún más alarmante, altamente religiosa entre los altos mandos del país, la lucha por la igualdad de la mujer se ve cada vez más dura.

Pensar que tal vez con el paso de los años y la globalización untándonos de toda clase de culturas, la sociedad pensaría de una forma más moderna, frustra ver cómo, se puede apreciar aun el reflejo de esa sociedad marginadora, en los jóvenes. Son los mismo jóvenes los que no quieren dar ese cambio, y es más persisten en mantener el modelo social actual.

Eso sí, no se puede descreditar los avances que hoy existen como es la despenalización parcial del aborto, el voto, mujeres trabajadoras y emprendedoras, mujeres presidentas.

Hoy en día la mujer tiene más cancha para jugar en el juego de la sociedad. Se han ganado algunas batallas, pero no la guerra contra la desigualdad.



[1] Lemaitre Julieta, El derecho como conjuro, pag.198

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